martes, 12 de mayo de 2009

Allende/Pinochet

Acabando con el tema de las leyes del poder, quisiera proponer ahora un tema algo más polémico: hacer un análisis de los 2 personajes más importantes (para bien o para mal) de nuestra historia en el último tiempo. Abierto a toda crítica, acá vengo a exponerles una visión particular de estos individuos. Sólo espero que sus futuros pensamientos y críticas escritas sean sin apasionamiento y sólo analizando con la cabeza y no con el corazón. Ahora a lo mío:

Analizar a estos 2 individuos desde una perspectiva de las políticas económicas o sociales (me refiero a todos los proyectos e iniciativas llevadas a cabo, excluyendo el tema de los DDHH) es un sinsentido por el que ni siquiera me esforzaré en comentar acá. Después de todo, ya hubo una guerra ideológica de más de 60 años (Guerra Fría) en la cual difícilmente se pueden sacar conclusiones definitivas. Si en 60 años las naciones, los pensadores e historiadores no se pusieron de acuerdo, menos lo haremos nosotros acá. Aquellos que se sientan partidarios o simplemente más cercanos a las teorías marxistas, leninistas, socialistas y cosas así, sin duda apoyarían la gestión administrativa y las medidas tomadas por Allende. Otro tanto se puede decir respecto a Pinochet y el sistema “neoliberal” y similares.

Mi análisis pretende escaparse de eso, prefiero orientarlo hacia otra área: presidente/dictador como sujeto de poder. Basado en los temas de las leyes del poder, quisiera dar mi particular visión respecto a la gestión de ambos mandatarios, “líderes” de la nación, sujetos que, para el triunfo y posterior mandato, debieron tener en cuenta de manera tácita algunas de las leyes citadas anteriormente.

Allende fue un gran orador. Negar eso sería absurdo. Tenía sus ideas claras y una manera de lograrlo. Él se definía a sí mismo como socialista y creía en un “socialismo a la chilena”, con algunas diferencias respecto a la teoría clásica. Hasta acá, nada nuevo. Pero creo que es interesante recordar un poco el periodo poco común de la época: estaba el apogeo de la Guerra Fría. La línea que separaba el comunismo del socialismo en esa época era exigua (basta recordar que el país símbolo de ese tipo de posturas, la URSS, significa “Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas”). La unión Moscú-Santiago fue algo evidente, después de todo, negar influencias de la KGB es tan absurdo como negar influencias de la CIA en hechos posteriores. No es algo ni para ocultar ni avergonzarse, era simplemente parte de la realidad: 2 superpotencias peleaban por el control ideológico del mundo y extendían sus redes de influencia por la mayor cantidad de países posibles y Chile no fue la excepción.

Acá viene el punto clave de todo esto: estábamos en una verdadera tercera guerra mundial. Tácita, no declarada, ideológica, indirecta; pero finalmente una guerra que de manera tangencial involucraba a todos los países del mundo en mayor o menor medida y que le costó la vida a millones de personas. Al estar todo el mundo inmiscuido en esta guerra, no había espacio para situaciones intermedias.

Y en este escenario viene el error fatal de Allende, donde violó una de las leyes del poder mencionadas anteriormente: la ley Nº 18 (segunda entrega) habla del error estratégico que es el aislamiento: El aislamiento es peligroso. Aislándose se es fácil blanco para los enemigos. En momentos de incertidumbre y peligro, se debe combatir el deseo de introversión y, por el contrario, tornarse más accesible, buscar viejos aliados y ganar otros nuevos, obligarse a moverse en más y más círculos distintos. El ex presidente se aisló políticamente: le dio la espalda a la potencia yankee (acción que en sí misma no es buena o mala, depende mucho nuevamente de la postura ideológica con la que uno se sienta más identificado), pero apenas coqueteó con la potencia soviética, sin abrazar los ideales y generando así un distanciamiento con la otra superpotencia: ni la KGB ni Fidel ni ninguno que estaba realmente metido en ese mundo creía en la vía pacífica del socialismo, por lo que miraban con recelo la situación e incluso, a pesar de que la KGB probablemente contaba con los conocimientos de lo que se venía (y sin dudas, con los recursos para impedirlo), dejaron a Allende solo, a merced del otro gigante al que se le había dado la espalda.

Para los más idealistas y soñadores, esto habla de cierta “independencia” del país y probablemente vean en Allende el líder que representaba a una nación que no se sometía a nadie, que haría las cosas a su modo. Para mí, basándome en las leyes, fue un error fatal. Desde esta perspectiva, veo a 2 naciones en guerra, cada una con un gran contingente de países que lo apoyan… Y a Chile en el medio, sin decidirse por ninguna aunque mirando con mejores ojos al Kremlin. ¿Qué significó eso? Blanco fácil para uno, desinterés en ayudar de parte del otro y todo eso repercutió en el golpe del 11-S.

Esto yo lo veo como un error infantil y en el ámbito del poder, sobre todo en periodos apremiantes como los que se vivían, no hay espacio para los errores de esta envergadura. Sinceramente creo que una persona que cometa ese error en la posición tan delicada que tenía, en un contexto tan complejo como el que se vivía, realmente merecía morir POLÍTICAMENTE. Desaparecer de escena, ser aislado y alejado del poder. Nunca voy a considerar aceptable lo ocurrido el 11-S, jamás defendería la idea de asesinato o suicidio, pero sí una muerte política. Ese es el precio que, en el mundo político “civilizado”, se debe pagar por los errores de los hombres de poder.

Independiente de la postura ideológica, se le debe agradecer de todas formas el tratar de concretar sus ideales por la vía pacífica y no mediante revoluciones sangrientas. Dudo que Chile se transformara en el futuro en “una segunda Cuba”, y aunque eso es algo que personalmente agradezco, le significó a Allende quedarse solo. Aunque es algo que sin duda toda la nación agradece (una guerra civil nunca debería ser bienvenida salvo extrema gravedad, que no era el caso cuando asumió), siento que pecó de infantil e ingenuo en ese sentido.

Ahora es válido preguntarse, desde esta óptica, que le depara a Allende en su legado. Y acá creo que habrían 2 tipos de personas: los soñadores, ilusos e idealistas que lo verán como el héroe que intentó mantenerse independiente a todo problema político exterior, víctima de la maquinaria bélica de la CIA y abandonado por los que creían que eran los aliados políticos (léase URSS & Cía.). El segundo grupo podría ser gente que piensa como yo: un hombre que muere luchando por sus ideales, pero que pecó de ingenuo al aislarse políticamente, hecho que se agrava desde el momento en que él, como representante del país, tiene un cargo que en parte consiste en buscar relaciones y acercamientos con otros países.


Respecto a Pinochet, partiré de algo: jamás justificaré lo realizado en “su” mandato en materias de DDHH. Este sujeto, junto con muchos otros, bien ganadas las penas del infierno tienen. Nuevamente aclaro que me separo de esta materia, así como de las políticas económicas o sociales (hablando en términos de reformas de las leyes y constitución) ya que la idea no es entablar un debate ideológico. Me limitaré a opinar de su rol como hombre de poder, independiente del uso (o abuso) que le haya dado.

Si piensan que lo voy a defender acá, hablando de su capacidad de liderazgo o de ostentar el poder por tanto tiempo, están muy equivocados. De hecho, considero que más que una figura de poder, entramos en el terreno de la ley Nº 26 (segunda entrega), específicamente con la noción de chivo expiatorio.

Quiero decir desde ya que no es un intento de reivindicación o de defensa, sino una realidad que veo yo: realizar el plan del golpe, ejercer las políticas sociales y económicas, llevar a cabo la matanza que se hizo y otras medidas requerían un nivel de inteligencia y noción de las cosas que simplemente no veo en Pinochet. Se requiere una mente maquiavélica, cruel e insensible. Pero ante todo (o a la par de todo eso), inteligencia y poder de cálculo. Si alguno ve esas cualidades (porque, independiente del uso que uno les quiera dar, son cualidades) en Pinochet, que levante la mano. Yo no las veo y frases célebres como: “Ayer estábamos al borde del abismo, hoy hemos dado un paso hacia delante”, “2.000 no es nada” (comparando la cifra de desaparecidos con el número de habitantes del país, que era de 14 millones en esa época),”soy democrático, pero a mí manera” y un larguísimo etcétera, no me incitan a pensar lo contrario.

Si me lo preguntan, me lo puedo imaginar como a un viejo sentado cómodamente en un sillón, firmando papeles traídos por sus generales sin leerlos siquiera porque ni para eso le daba. Veamos un poco la situación: Mendoza dedicado a la parte legislativa, Leigh el encargado de las masacres y Merino encargado de las reformas económicas. ¿Pinochet? “El jefe”, “el coordinador”… o tal vez “la cara visible e inútil”.

Por lo que he leído, que reconozco que tal vez para esta conclusión que planteo puede ser insuficiente, el “cerebro” del golpe fue Merino. Fue el que le puso hora y fecha al golpe y el que contactó y terminó de convencer a Pinochet para que se uniera. ¿Cuál era la necesidad imperante de que se uniera? Asegurar lealtad tal vez., pero bastaba con asegurar la “no intromisión” de su rama del ejército.

Es precisamente ese hecho y el nivel intelectual de los integrantes de la junta lo que me lleva a esta conclusión: Merino necesitaba un chivo expiatorio, una cara visible que pudiera cargar con la culpa por los abusos que sin dudas veía venir. El cerebro del grupo reconocía el riesgo que implicaba ser la cabeza visible de una maquinaria de matar y decidió “cortésmente” delegar ese honor a Pinochet, el cual, bruto como era, fue incapaz de ver en lo que se metía. Y es que la idea del “poder detrás del trono” es algo muy viejo…

Llegado a este punto, es necesario aclarar un par cosas:

1) Alegar ignorancia, estupidez o buenas intenciones no es ni será nunca una excusa: Pinochet era la cabeza del grupo y como tal, sobre quien recaía la responsabilidad de “dirigir”. El precio que paga el chivo expiatorio es salir lastimado en el trabajo sucio que otros planean pero no ejecutan. Pinochet es un responsable de facto, Merino es un responsable como autor intelectual y ambos son repudiables totalmente.

2) El hecho que Pinochet, en un acto de ambición personal, haya podido en algún momento volverse más ambicioso y más “dictador” aún dentro de la propia junta, no desbarata mi teoría del chivo expiatorio: simplemente reflejaría un error de cálculo en la conducta de Pinochet de parte de Merino, subestimando en demasía su ambición.


El objetivo de todo esto no es tratar de mejorar ni un ápice la imagen de Pinochet. Lo que sí me agradaría es que, a la hora de las críticas, se fuera algo más equitativo: de ser cierto todo lo que he dicho, es ridículamente absurdo que del único gran responsable de todo que se hable sea Pinochet (seamos sinceros: ¿cuánta gente no política o inmiscuida en cosas de política siquiera sabe los nombres y apellidos de todos los integrantes de la junta militar? Dudo que sean tantos como debería ser, pero bien que conocerán el nombre de Augusto Pinochet). Para la comunidad internacional es aceptable esta situación, porque por algo él era la cabeza visible; pero para nosotros, conocedores de nuestra historia mejor que nadie, debería ser tan repudiable este personaje en cuestión como Leigh y Merino (quizás lo sean, pero jamás he oído mencionarlos en discusiones respecto a la época o a los problemas que ahora nos aquejan).

Ahora, al igual que con Allende, es válido preguntarse “el legado” desde la perspectiva del poder. ¿Qué legado le espera a un chivo expiatorio? El mismo que históricamente ha tenido siempre: carga con la culpa, no sólo de sus pecados, sino de cualquier cosa mala, hecha o no hecha por él mismo. Es el blanco fácil y favorito sobre el cual cargar todas las responsabilidades, quedando los nuevos poderosos (llámese en este caso Concertación) como los salvavidas que vienen a arreglar las cosas. Quizás haya mucho de esto en realidad, quizás si sean salvavidas estos últimos gobiernos que hemos tenido, pero apunto a algo más general: Pinochet pagará para toda la eternidad el pecio de ser la cara visible de una maquinaria que será siempre repudiada desde una perspectiva de los DDHH independiente del rol que haya tenido. Ahora, debemos preguntarnos y responder en conciencia si finalmente todo es responsabilidad del títere o también hay que dejarle algo al titiritero.

Saludos a todos, sin distinción alguna =)

1 comentario:

mitzio dijo...

ufff muchas ideas para comentar y es muy tarde, volvere!

Le Resistance!