lunes, 16 de febrero de 2009

La guerra de los sexos

No es algo nuevo. La guerra de los sexos es tan antigua como la humanidad misma. Durante miles de años, los hombres la habíamos estado ganando: patriarcados en los núcleos familiares, ausencia de gobiernos basados en la mujer (salvo honrosas y míticas excepciones estilo “amazonas”), disciplinas orientadas a hombres y a mujeres por separado, etc.

Felizmente (para las mujeres) nada es para siempre y las cosas se han estado equiparando un poco: nuestra misma exclusión de las damas en las labores “masculinas” han hecho que a la guerra vayan principalmente hombres, el estúpido “mujeres y niños primero” nos ha aportado otras tantas pérdidas que han menguado el número, se están equiparando en los roles pero no de forma equitativa (las mujeres son “pioneras” en el rubro masculino, los hombres son “maricones” en el rubro femenino) y para colmo ahora se tiene una filosofía que sirve de guía: el feminismo. Y por si hiciera falta se ha demostrado que mediante la clonación, el hombre no es indispensable (Dolly es producto de 3 madres y ningún macho).

Todo esto, interesante y digno de análisis por sí mismo, no sería tan preocupante si no fuera por un pequeño detalle: la guerra la están ganando las mujeres a nivel molecular, los hombres estamos al borde de un precipicio. La guerra de los sexos es más que un simple chiste feminista/machista o un problema de roles dentro de la sociedad: existe a nivel molecular y es una guerra a muerte que estamos cerca de perder.

Ya a nivel de animales hay casos curiosos donde la guerra definitivamente se perdió: existen lagartijas lesbianas. Una especie de lagartija solo cuenta con hembras, las cuales simulan una monta y caricias para inducir al óvulo a desarrollarse, surgiendo así un clon exacto a la madre. El método se llama partenogénesis y se puede ver en otras especies. La más conocida es la abeja, pero acá aún la guerra no se pierde: la abeja reina pone huevos y éstos siempre se desarrollan. Si son fecundados por el macho, salen hembras. Si no son fecundados, salen siempre machos. Acá aún hay lucha (irónicamente lo mejor que podría hacer un macho es no reproducirse, ya que eso asegura su éxito a futuro como individuo).

A nivel de humanos, la guerra aún no se decide, pero nos movemos al borde del precipicio... Antes de entrar en el conflicto, hay que explicar un poco el asunto: Los humanos tenemos 23 pares de cromosomas, de los cuales 22 son siempre iguales y nos distinguen como especie. Cada cromosoma de origen materno tiene un homólogo prácticamente idéntico en su par masculino. Esto es diferente con el par restante (cromosomas sexuales). Los ovarios generan solamente cromosomas X y los espermatozoides indistintamente hacen cromosomas X e Y. Si el espermatozoide que fecunda es X, sale una mujer; si fecunda un Y, surge un hombre. Peculiaridades que se explicarán en breve de estos cromosomas es que no son similares entre sí. El cromosoma X es muy grande y alberga unos cuantos miles de genes en su interior. El gen Y apenas es notorio, muy chico y apenas tiene la información necesaria para hacer un hombre (bendito sea el gen SRY, exclusivo encargado que los hombres seamos hombres).

Ahora lo interesante: ¿Por qué debe haber un conflicto? Pues porque lo que un gen quiere para un cuerpo se contrapone con lo que el otro quiere. Hay choque de intereses, por ejemplo en el aprovechamiento del calcio. El gen X lo usaría para generar leche, preparando a la futura mamá, mientras que el gen Y lo usaría para el desarrollo de musculatura, preparándolo para competir en la vida por prácticamente todo. Aún hay un choque más simple y más siniestro: cada gen tiende a hacerse lo más abundante posible y el gen Y le “quita” un puesto al X, con lo que la lucha se genera por el mero hecho de “ocupar un espacio”.

Ya en otras especies se ha demostrado que hay veces que los X o Y portan genes asesinos que se encargan de la competencia. Como cabe esperarse en un acervo genético donde las opciones implican ser XX o XY (es decir, 3 veces más probabilidades de que haya un X a que haya un Y), el gen X tiene 3 veces mas probabilidades de iniciar un ataque químico contra Y a que éste lo haga contra X.

Hacer experimentos similares en humanos siempre es más complejo por las implicancias éticas de trabajar con células humanas de la reproducción. Sin embargo hay avances interesantes al respecto: se ha descubierto un gen que provoca homosexualidad masculina. ¿La ubicación? En el cromosoma X. Se plantea que la homosexualidad es una nueva arma que tienen los X para erradicar a los Y. Y no salten las XX a decir que el lesbianismo es similar... más bien a la luz de las investigaciones es otra cosa en la que quieren copiar a los hombres xD (un XX no se acata a sí mismo).

¿Qué opciones tiene Y? Poco realista resultaría enfrentarse al todopoderoso X y sus cómplices en versión copia. Las opciones que se barajan son 2:

1) El gen Y definitivamente ha perdido la guerra y tiende a achicarse cada vez más hasta terminar extinguiéndose. Llegó a un punto del cual no hay retorno y la guerra de los sexos finalmente será ganada por XX.

2) La versión más optimista: Y se defiende. Sabe que pelear directamente es una ridiculez dado el monopolio déspota que hace X. La única solución que le queda es esconderse y por ello se desprendió de todos los genes inservibles (curiosidad al margen: por cada célula hay un 33% más de ADN del que debería haber, se llama ADN basura y solo se dedica a estorbar como un vil parásito al correcto funcionamiento del cuerpo) de modo que sólo quedó lo indispensable para que se desarrolle un individuo que lo albergue. Mientras menos genes tenga, más difícil le resultaría a X desarrollar un arma química contra Y.

Como luz de esperanza, los científicos tienden a creer que la 2ª opción es la correcta. Como descendemos de un grupo de simios muy reducidos, nuestra variabilidad genética es pobre, lo que impide que haya mutaciones en nuestro interior. Aunque eso es bueno a nivel individual, también nos impide evolucionar y adquirir nuevas características como especie. Curiosamente, Y tiene una alta dosis de mutaciones, específicamente en el ya mencionado gen SRY. Explicación simplista: Y se esconde, muta rápidamente para no darle tiempo a la poderosa X a atacar. E incluso se da el lujo de contraatacar: hay ciertas familias que tienen una tendencia estadística mayor a lo que indican las probabilidades de tener sólo hombres. Tal vez sea porque Y a veces hace saltos audaces y puede contraatacar, tal vez hayan Y asesinos que puedan ser a la larga la salvación de nosotros como individuos (ya ni se habla de “el bien de la especie”, mucho menos en una guerra abierta y silenciosa…

Parece ser que la idea inicial de la madre naturaleza (y para variar, se representa la naturaleza como una XX) era hacer damas y sólo ese bendito gen SRY provoca cambios suficientemente profundos como para que se formen hombres… el día en que ese gen caiga en las redes XX’s, será el fin…

Como sano consejo: la próxima vez que se hable del “sexo débil” tengan en cuenta este escrito y replanteense quién debería serlo realmente… al menos el “sexo más vulnerable” no parecen ser las menuditas damas…


Saludos a los afortunados especimenes Y que siguen con vida. A las XX que lean acá, sólo me queda pedirles piedad evolutiva... xD

1 comentario:

Panchita Burgos dijo...

Ja ja ja (6)!
MATRIARCADO!